Rubor Coralina: el día que el mar nos regaló un color

Rubor Coralina: el día que el mar nos regaló un color

Hace un tiempo tuvimos la oportunidad de bucear en las islas de Titipán (ubicado en el Caribe Colombiano). Ahí, bajo el agua, nos encontramos con muchísimos corales: unos sin vida ni color, blancos, apagados; otros, por el contrario, de un naranja brillante y hermoso que parecía iluminar todo a su alrededor.

Ese color nos cautivó por completo. Pero lo que más nos marcó no fue solo el tono, sino lo que representaba: cada coral era único en su forma, en la manera en que coexistía con todo lo demás que habita el mar. Ninguno se parecía al otro y, aun así, todos pertenecían al mismo lugar.

Cuando llegó el momento de crear nuestro rubor en tonos naranjas, no tuvimos que pensarlo mucho. Solo pensamos en esos corales. En ese naranja que vimos de cerca, en el privilegio de haberlo visto antes de que muchos otros no tengan esa misma oportunidad. Y dijimos: este rubor se debe llamar Coralina.

Por eso, cada vez que nos lo aplicamos, nos encanta pensar que llevamos puesta una parte del mar en nuestras mejillas. 

Y al crear el rubor Coralina, nos dimos cuenta de algo que hoy guía todo lo que hacemos en María del Valle:

Nuestra labor no es crear la belleza ni inventar tendencias. Es aprender a contemplar.

Porque la belleza ya está ahí: en la naturaleza, en sus formas, en sus colores y en la diversidad que nos rodea.

Y esa es la manera en que hacemos cosmética: una que no solo embellece, sino que también cuenta de dónde venimos.


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